Empieza por tus juegos, la resolución, los ajustes gráficos y los FPS que quieres alcanzar con tu monitor. 1080p facilita tasas altas; 1440p equilibra detalle y carga; 4K suele exigir más GPU. En juegos competitivos a muchos FPS, simulación y estrategia, la CPU puede pesar más.

Compara juegos reales con los mismos ajustes. Un porcentaje fijo de cuello de botella no sirve para todas las cargas. Mira FPS medios, 1% low y tiempos de fotograma. El trazado de rayos y las texturas de alta resolución pueden aumentar la carga de GPU y VRAM. Con DLSS, FSR o XeSS, comprueba calidad de imagen y FPS base además de los FPS con generación de fotogramas.

16 GB de RAM pueden bastar en juegos ligeros; 32 GB dejan margen para otras apps y 64 GB pueden interesar para mods exigentes o creación. Para varios juegos grandes, considera un SSD de 1–2 TB. Revisa refrigeración, espacio para la GPU y requisitos de fuente y conectores del fabricante. Un equipo premontado simplifica la garantía; montar el tuyo da más control sobre las piezas.